LAS SEIS PRINCIPALES CONSTELACIONES DE INVIERNO: EL HEXÁGONO DE INVIERNO

El invierno, en el hemisferio boreal, es una época perfecta para salir a “ver estrellas”. Los meses de noviembre a febrero nos ofrecen unos cielos nocturnos de las más impactantes de todo el año. Daremos un paseo sin necesidad de utilizar ningún aparato ni instrumento óptico.

La constelación más sobresaliente en invierno es Orión, fácilmente reconocible por “las tres Marías” o “Los tres Reyes Magos” como se conoce a las tres estrellas que conforman la cintura de Orión.

Tiene además dos estrellas más que nos ayudarán a movernos por el cielo de estos meses, son Rigel y Betelgeuse. La primera se sitúa en la pié izquierdo de Orión, la segunda es una supergigante roja y se la puede ver en el hombro derecho del cazador gigante de la mitología grecolatina.

En la antigua Grecia, ya Homero nombra a esta constelación con el nombre de Orión. Era un hermoso cazador, de estatura inmensa (“sus hombros sobresalían del mar en las fosas más profundas”), del que se cuentan muchos mitos (bastante inconexos, por cierto). Se habría enamorado de Mérope, y al no ser correspondido se emborrachó un día y la insultó gravemente. El padre de Mérope, Enopión, pidió venganza al dios Dionisos, que durmió al cazador en un profundo sueño. Enopión aprovechó esto para arrancarle los ojos. Desesperado y sin vista, Orión se dirigió a un oráculo, quien le dijo que sólo recuperaría la vista caminando sin descanso hacia el Este (que es precisamente la dirección que siguen las constelaciones). Tras mucho caminar llegó a Lemos, donde recuperó la visión. Dedicó mucho tiempo a perseguir a Enopión buscando venganza, pero nunca lo alcanzó. Con el tiempo, entró al servicio de Artemisa (Diana, la cazadora), como cazador. Se cuenta de él que era el mejor cazador de su tiempo, y que maravillaba a todos con sus proezas… hasta el punto que la soberbia se adueñó de él. Un día, llegó a decir que ni el más grande y poderoso animal era rival para él. Al acabar la frase, un diminuto escorpión le picó en el pie y lo mató. Artemisa se apiadó de su servidor y pidió a Zeus que lo situara entre las estrellas. Desde entonces, la constelación de Orion se oculta por el oeste cuando la constelación de Scorpius sale por el este.

Para reconocer la siguiente constelación vamos a prolongar la línea que pasa por las tres estrellas de la cintura de Orión hacia nuestra derecha. Si continuamos esta línea llegaremos hasta las inmediaciones de Aldebarán y la Hyades de la constelación de Tauro. Si prolongamos aún más la línea llegaremos a las Pléyades, un cúmulo de estrellas fácilmente visibles sin ningún aparato óptico.

La forma de V del grupo de estrellas de Tauro representa los cuernos del Toro mientras que la grupa o el lomo del Toro celeste está formado por la Pléyades, un cúmulo estelar con siete estrellas muy visibles. Haciendo uso de unos prismáticos se pueden ver más de 300 estrellas. Las más importantes son siete; Alcyon, Celene, Taigeto, Pleyone, Asterope y Merope. Las siete hijas de Altlas.

En su conjunto, la constelación de Tauro es la representación mítica de Zeus cuando se transforma en Toro para seducir y raptar a Europa, de la que se había enamorado. Narra el mito, que estando un día Europa en una playa mediterránea recogiendo flores, le llamó la atención un toro de pelo brillante y aspecto majestuoso, que pacía entre los rebaños de su padre. Confiadamente, Europa se acercó al animal y lo acarició, y él dobló las rodillas. Entonces la joven subió a su poderosa grupa y se puso a trenzar guirnaldas en torno a sus cuernos. De pronto el toro se levantó y, saltando al agua, se la llevó mar adentro hasta la isla de Creta, donde se consumó la unión a la sombra de un plátano. De esta unión nació Minos, soberano de Cnosos y fundador de la cultura minoica

can-mayor-sirio

Volvamos a Orión; si prolongamos otra vez la línea de la cintura, pero esta vez hacia la izquierda, llegaremos a la estrella más brillante de todo el cielo nocturno, Sirio; esta estrella perte nece a la constelación del Can Mayor.

El Can mayor representa uno de los perros de la jauría de Orión, dotado de capacidades extraordinarias. De hecho, se cuenta que era tan veloz que un día logró alcanzar a una zorra en plena carrera; esta gesta impresionó tanto a Zeus que el padre de los dioses quiso hacerle un lugar en el cielo, para que nunca se olvidase.

Para conocer las constelaciones que nos faltan tenemos que recurrir a Rigel y Betelgeuse, os acordáis de ellas, ¿verdad?, el pié izquierdo y el hombro derecho de Orión, respectivamente.

triangulo de inviernoUniendo Betelgeuse con Sirio, recordemos, la más brillante del cielo, nos aparece una línea que forma parte del llamado triángulo de invierno, la estrella que falta para formarlo es Procyon, de la constelación del Can menor.

Can menor

Según la mitología grecolatina, esta constelación representa a otro de los perros de la jauría de Orión, mientras que otra leyenda creía que se trataba del perro de Ícaro, de nombre Moera, el cual, cuando su amo se precipitó en el mar al fundirse la cera que unía las alas de su cuerpo, se lanzó a un pozo preso de la desesperación.

Para encontrar la constelación de Géminis, los gemelos, tenemos que prolongar un línea que vaya de Rigel a Betelgeuse, esta línea llegará a Cástor y a su izquierda estará Polux. Estas dos estrellas forman las cabezas de los dos gemelos.

Según el mito griego, Zeus se enamoró de Leda y para poseerla se metamorfoseó en Cisne. Esta dio a luz dos huevos de los que nacieron, por un lado, Polux y Helena, tenidos por hijos de Zeus, y, por otro, Cástor y Clitemnestra, considerados hijos de Tindaréo, esposo de Leda.

A pesar de su diferencia de origen, Cástor y Pólux, denominados con un apelativo común del Dioscuro, que significa retoños de Zeus, vivieron siempre relacionados el uno al otro. Eran guerreros, lucharon contra Atenas para recobrar a su hermana Helena y participaron en la expedición de los Argonautas. Entre sus proezas se cuenta el rapto de las hijas de Leucipe lo cual dio motivo a una guerra contra los Afarcidas. En una batalla Cástor murió y Póllux rogó a su padre para que permitiera vivir a su hermano ocupando él su puesto. Tal muestra de amor fraterno conmovió a Zeus, quién autorizó a Polux a compartir con su hermano el privilegio de la inmortalidad, por lo que los Dioscuros viven alternativamente un día cada uno y Zeus los colocó entre los astros formando la constelación de Géminis.

Para localizar la última constelación que vamos a tratar, tenemos que imaginarnos a Orión de pié, derecho, si miramos por encima de su cabeza, veremos una constelación con forma de hexágono raro, un poco deformado. La estrella más brillante de esta constelación es Capella y conforma con las demás estrellas el Auriga.

Eratóstenes asocia al auriga con un rey ateniense, Erictonio, aquél que habría nacido del semen caído sobre la tierra cuando Hefesto trató de unirse a Atenea (siendo por tanto hijo del Hefesto y de Gea, la Tierra). Erictonio fue el primero en uncir un carro a caballos, y puesto en el cielo por los dioses en muestra de reconocimiento. Otra fábula de cocheros se refiere a la historia de Mirtilo. Mirtilo ayudó a Pélope, hijo de Hermes, a conseguir la mano de Hipodamia, hija del rey Enómao. El rey sólo consentía tal hecho si Pélope era capaz de ganarle en una carrera de carros. Para asegurarse esto, Mirtilo saboteó el carro de Enómao, resultando con esto la muerte del rey. Ganada la carrera, Mirtilo esperaba como recompensa pasar la noche de bodas con Hipodamia, a lo que ésta se negó y, para cerrar el círculo de las traiciones, Pélope mató a Mirtilo. Hermes, disgustado por toda esta bajeza, llevó a Mirtilo al cielo en forma de cochero.
Hay más mitos asociados a la figura de un cochero: Tróquilo (hijo de Ío, inventor también del carro), Hipólito, Cilas,… pero ninguno se acaba adaptando bien al hecho de explicar el origen del cochero celeste.

Por otra parte, los griegos vieron en Capella a la cabra amaltea. Según un relato sería la cabra que amamantó a Zeus. Según otro, se trataba de una niña dueña de una cabra. Sea como fuere, la cabra tendría, en agradecimiento de Zeus, un cuerno en la frente del que manaban manjares y néctares: era el cuerno de la abundancia.

Bueno, ya tenemos todas las constelaciones que pueden verse fácilmente en invierno; si unimos las estrellas principales de cada una de ellas obtenemos un hexágono, el conocido como HEXÁGONO DE INVIERNO.

Espero que con todas estas indicaciones podamos disfrutar de una noche de invierno llena de estrellas, constelaciones e historias mitológicas.

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Una respuesta a “LAS SEIS PRINCIPALES CONSTELACIONES DE INVIERNO: EL HEXÁGONO DE INVIERNO

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