LAS AVES DEL HUERTO URBANO

En estos días de principio de la primavera la actividad de los pajarillos es incesante y no es para menos. Tienen que buscar territorio para nidificar, buscar pareja, hacer o rehacer nidos, cuidar las puestas, alimentar a las polladas… Después del silencio invernal, huertas y jardines se llenan de cantos de pajarillos que están siempre ahí con nosotros pero que no siempre prestamos la atención suficiente. Vamos a conocer algunos de ellos.

El Mirlo (Turdus merula). Sin duda uno de los más comunes, más confiados y buen compañero para el hortelano. Mientras los machos han desarrollado un plumaje negro intenso, con un elegante pico y anillo ocular amarillos, las hembras han de pasar más desapercibidas adptando un plumaje negro grisáceo. Con su larga cola (que nos servirá para identificarle sin problema frente al estornino) se moverá aquí y allí, siempre picando en el suelo, buscando lombrices que tanto bien hacen en el huerto, pero también caracoles, orugas y babosas, que tantos estragos ocasionan. En el interior de un enmarañado seto del huerto, pondrá su nido; mientras que en lo alto de una rama o desde el espantapájaros nos cantará al amanecer y al anochecer.

Plumaje negro intenso, pico y aro ocular amarillos y cola larga. Es el blackbird al que cantaban los Beatles.

Carbonero común (Parus major) Si llevar corbata es un símbolo de elegancia, entonces el pajarillo más elegante es el carbonero, que, especialmente los machos, lucen una destacada “corbata” negra sobre su pecho amarillento. Quizás su nombre provenga de su cabeza tiznada de negro carbón, que sólo deja los mofletes blancos. Con estas indicaciones ya es posible identificarle frente al resto de páridos (familia a la que pertenece), pajarillos rechonchos y vivarachos ligados siempre a medios forestales pero también muy fácil de ver algunos de ellos en medios urbanos con arbolado. Los carboneros normalmente se alimentan de semillas, pero en primavera y verano incorporan también invertebrados que les reportarán un extra de proteínas cuando la actividad es más intensa. No los echéis del huerto nunca, pues os alegrarán la vista y oído (en algunas zonas es conocido como chichipán por uno de sus habituales cantos chi-chi-pán, chi-chi-pán, chi-chi-pán…). …Y si ponéis un comedero en el huerto con frutos secos, el carbonero será uno de los habituales.

Cabeza negra “manchada de blanco”, “corbata” sobre pecho amarillo. Ahora sí sabemos quién es: el carbonero

Herrerillo común (Cyanistes caeruleus). Emparentado con el carbonero, muy parecido a éste pero fácil de identificar si prestamos un poco de atención. El herrerillo es más pequeño y grácil, su cabeza nunca es negra, presentando una bonita “boina” azul. Una lista negra que recorre su cara desde el pico, pasando por los ojos, hasta el cogote, le da un aspecto oriental y exótico. Pecho amarillo como el carbonero con una levísima corbata, a veces no perceptible. Sus alas son azuladas, no verdosas como el carbonero. Su alimentación es parecida al de su primo mayor, si bien no se alimenta tanto en el suelo como aquél sino que es más común verle imparable en las ramas de los árboles, colgando a menudo boca abajo de alguna rama. Si ponéis un comedero con semillas en el huerto, observad bien, porque algún herrerillo acudirá también.

“Boina” azul, lista negra sobre los ojos, pecho amarillento, leve “corbata”, alas azuladas…

 Petirrojo (Erithacus rubecula). Al igual que el mirlo, de la familia de los túrdidos (tordos). Rechoncho, ojo negro y grande, cara de buena persona (más bien de buen ave), pero sobre todo conocido por su inconfundible mancha rojiza que le cubre todo el pecho. Tras los rigores del invierno, su actividad será incensante buscando invertebrados bajo la hojarasca y las malas hierbas, pero también bajo el acolchado de los bancanles buscando los temidos caracoles, babosas o incluso los gusanos de la col. Activo incluso sin apenas luz. Tiene una conducta bastante atrevida a la presencia humana, posando quieto, moviéndose repentínamente, para volver a quedase quieto. A menudo ante la presencia humana se muestra de espaldas, para no hacer destacar su llamativo pecho. A pesar de su pequeño tamaño durante el otoño migran a nuestras latitudes contingentes de petirrojos provenientes de islas Británicas, centro y norte de Europa; llegarán exhaustos y hambrientos por lo que agradecerán que tengamos un suelo del huerto bien mullido y trabajado donde encontrar alimento. Y ya ni os cuento lo que agradecerán un comedero con semillas, cacahuetes y otros frutos secos.

“Babero” rojizo, ojos grandes y negro, rechoncho… Nuestro amigo el txantxangorri, como es llamado en el norte.

Estos son algunos de los pajarillos que podemos encontrarnos en estos días en la huerta urbana. Son un elemento más del huerto, al que darán color y sonido. Porque como decía nosequién, un huerto sin aves es un huerto sin música. Puedes propiciar su presencia colocando cajas nido a finales del invierno y comederos con semillas durante todo el año (mejor en otoño que es cuando más difícil tienen conseguir el condumio). Ellas te lo agradecerán y tú podrás disfrutar con su presencia.

Si quieres saber más sobre las aves en general, las aves hortícolas o los huertos con aves estate atento a las actividades que organizamos en Siempre en Medio. El 26 de abril sin ir más lejos, haremos una visita guiada al huerto del Jardín Botánico, en el que podrás ver estas y otras muchas cosas.

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