EL BAZAR CAMPESTRE: EL ESPARTO

Texto por : Antonio Gabriel. Educador y Profesor de Siempre en Medio. Licenciado en CC Ambientales y Técnico Superior en Salud Ambiental.

Hoy en nuestro repaso a los recursos silvestres repasamos el Esparto, símbolo del desarrollo de la cestería artesanal.

Existen cerca de 15 especies de esparto en la Península Ibérica y Baleares, pero en nuestra región, es dentro del Parque Regional del Sureste de Madrid, donde encontramos la especie Stipa tenacíssima, la más común de los espartos de las zonas semiáridas del sureste peninsular, y de gran importancia en la cestería madrileña.

Origen etimológico: del Esparto (Stipa tenacissima) a la estación de Atocha

Como ocurre con muchos nombres, los orígenes presentan una cierta incertidumbre. Parece que proviene del griego “stype”= hilaza, por las hojas textiles que presenta, o puede que del griego “styppeion” = estopa, en relación esta vez a las flores plumosas de algunas especies del género. En cambio el nombre vernáculo esparto parece estar relacionado con el “sparton” griego, cuerda trenzada o fibra utilizada para liza de pesca o los “sparta” en relación a los navíos griegos.

Sobre el origen del nombre, hay un curioso dato. Al Esparto o Espartal también se le conoce en muchas regiones como Atocha o Atochal. La palabra Atocha, según la RAE, proviene del mozár. y ár. hisp. aṭṭáwča, y este de la voz prerromana *taucia ‘mata’, ‘matorral’. Y es aquí justo que este “segundo nombre” es una de las mayores controversias sobre los orígenes de Madrid. Nos referimos concretamente al  origen del nombre de la estación, calle , antigua ermita y virgen de Atocha. Hoy se sigue discutiendo sobre si el origen de las mismas esta en nuestro querido Esparto o Atocha, pero que figure como dato importante, que en las inmediaciones de lo que es hoy la estación de Atocha o incluso donde se localizaba la antigua ermita de Atocha, es muy probable que hubiera un hermoso y extenso Atochal.

Distribución

La Stipa tenacísima es característica de las comunidades vegetales de las zonas semiáridas de las Península Ibérica y de todo el mediterráneo occidental, en ambientes sometidos a un fuerte estrés ambiental.

Ecología

Actúan como etapas de degradación de la vegetación potencial de Pinus halepensisJuniperus phoenicea en zonas del norte de África. En el sudeste de la Península Ibérica se considera etapa de degradación de pino carrasco (Pinus halepensis) o matorrales esclerófilos mediterráneos como por ejemplo las coscojas.

En la actualidad, la sucesión del espartal es prácticamente ausente. Este hecho se hace evidente, si tenemos en cuenta las extremas características edáficas y climáticas que ya de por si confieren una sucesión alargada en el tiempo, a ello debemos de añadir las modificaciones que han sufrido estos ecosistemas por la acción del hombre que no solo los han degradado, sino que además a través del cultivo, el entresacado y quemas controladas de especies competidoras, han propiciado su expansión.

La importancia de los espartales del sudeste peninsular se debe principalmente a que ocupan áreas con un elevado riesgo de erosión y desertificación. Su presencia disminuye esta grave afección ambiental, considerada hoy en día unas de las mayores problemáticas del medio ambiente.

Algunos estudios se están encaminando a la restauración de estas zonas semiáridas del sudeste a través de esta especie. En contra de las repoblaciones de Pinus halepensis que requieren de aterrazamientos o subsolados (además como especie leñosa se encuentra más limitada en este tipo de ecosistemas). Un estudio (ver bibliografía) establece que la presencia de la S. tenacíssima crea sumideros de agua y materiales cuando existen pendientes favorables, favoreciendo la colonización preferente de especies subarbustivas, plantas anuales… En estos puntos el suelo es menos compacto, mayor humedad y materia orgánica, micorrizas y fertilidad que los espacios sin vegetación adyacentes.  Además la sombra producida reduce la radiación y temperatura del suelo en comparación con las zonas próximas a estos puntos.

Estos microambientes favorables originados por las presencia de S. tenacísima los hacen idóneos para acelerar la etapa sucesional, aprovechar la diversidad de estos ecosistemas y disminuir los impactos ambientales y visuales de las técnicas tradicionales de repoblación.

Usos

Se cree que fue utilizada por pueblos ibéricos y del norte de África desde el Neolítico. Su extensiva utilización se originó en la época romana durante las guerras púnicas, en el siglo III a. C., donde autores griegos y romanos ya llamaban a algunas zonas de iberia Campus spartarius.

Los usos han sido múltiples y diferentes a lo largo de la historia y cultura de los pueblos; el más usual era el arte de la cestería, donde los manojos de esparto se transformaban en escobas, capachos para prensado, bandas para fabricar cestos y para cuerdas de pescadores por su resistencia a la salinidad del agua marina.

Como fibra de hojas de papel se ha utilizado con frecuencia en el norte de África, donde parece ser que se cultiva aún en algunas zonas para producir una pasta celulósica que se transforma en papel para cigarrillos, cartas y periódicos.

La cosecha

La recogida se realizaba en la estación otoñal sin arrancar de raíz, sino recortando cada pie, y normalmente solo una vez al año para recolectar hojas de más de 20 cm de largo y no dañar a la planta. La actividad la realizaban un grupo de 25 esparteros que llevaban en una mano un bastón conocido (según comarcas) como arrancadera. El uso era simple, con un pie se pisaba la mata y se enrollaba con la otra mano las hojas al bastón para posteriormente tirar con fuerza. El segundo tirón arrancaba la “barba” del esparto que era la menos valiosa. Una vez se llenaba el bastón de mucho esparto se ataba y agrupaba junto a la materia obtenida de una mata anterior, formando lo que se conocía como manadas. Los esparteros iban dejando  estas manadas en el suelo, que eran recogidas posteriormente a la vuelta, una que vez habían subido todo el valle.

La cosecha se llevaba generalmente en los tradicionales burros hasta las tiendas donde eran pesadas, cobrándose a destajo.

El secado

Se colocaban en hileras eliminando restos de raíces, hojas amarillas…El sol y el viento secaban el esparto en 3-5 semanas hasta alcanzar un color dorado claro, indicador de un secado óptimo. Protegidos de la humedad del suelo, se agrupaban en función de su longitud, mayor de 40 cm para la producción de textiles o menor de 40 cm para la fabricación de celulosa y pasta de papel.

Cocido

El cocido consiste en colocar los espartos en balsas de aproximadamente 3 metros de profundidad en filas perpendiculares unas a otras. Se cubría todo de agua que era absorbida por el esparto, por lo que se hinchaba y flotaba. Esta operación se repetía hasta que el esparto dejara de sobresalir por encima del agua, aproximadamente cerca de 4 semanas. Si al sacar algunas hojas y ponerlas en contacto con el aire se deshilachaban las cabezas de la base de la hoja, se consideraba por completa la cocción.

Este proceso denominado comúnmente enriado, hace referencia probablemente a las familias que tenían pequeñas cantidades de esparto, y que colocaban las matas en los cursos de ríos y arroyos, de ahí la acción de enriar.

Los olores que suelen emanar las balsas durante esta operación, son causa directa de la acción microbiana anaerobia. Los microorganismos degradan la pectina produciendo metano, causante del olor. Si además las aguas utilizadas son de origen marino o salinas ricas en sulfatos, se emana ácido sulfhídrico, de olor más desagradable pero que producían unas fibras de color más claro.

Posteriormente se secaban al sol durante cerca de 28 días extendidos generalmente en abanico.

Machacado

También conocido como picado, consiste en eliminar los elementos que no fueran fibras para facilitar así el manejo posterior. Para ello, con una maza se golpeaban sobre una losa de piedra las manadas de esparto sin romper las fibras. Se dan tres tipos de picado: de lía, de rastrillo y de filete, cada cual más enérgico, y de los cuales se obtenían unas materia primas diferentes cuyo destino variaba, siendo para suelas de alpargatas, rastrillado basto o hilazas finas para injerto respectivamente.

En el caso del rastrillado, se trata de un tablero con multitud de púas con diferente grosor que se diferencian en rastrillo basto o fino. La operación consiste en golpear fuertemente la manada de espartos y tirar fuertemente, repitiendo hasta conseguir un material uniforme. Los desperdicios eran aprovechados para estropajos, rellenos de asientos y cordelería basta.

Los materiales rastrillados se utilizaban en la industria textil, en un proceso conocido como hilado donde se unían en ruecas, en las cuales el obrero regulaba el grosor de la hilaza a través del tacto. La calidad aumentaba cuanto mayor era la finura: filástica, filetes o piolas, de mayor anchura respectivamente.

Y para finalizar, si queréis aprender a trabajar el esparto os dejamos un enlace sobre nuestro taller de cestería artesana, ¡¡¡¡atentos a los cursos!!!!, inscribiros en el blog para que os lleguen las convocatorias de actividades.

Bibliografía

  • Fernando T. Maestre, Susana Bautista, Jordi Cortina, Carme Bladé, Juan Bellot y Ramón Vallejo. “Bases ecológicas para la restauración de los espartales semiáridos degradados”. Departamento de Ecología, Universidad de Alicante y CEAM. Página web AEET
  • Rivera, Diego y Obón de Castro Concepción. “La guía de INCAFO de las plantas útiles y venenosas de la Península Ibérica y Baleares (excluidas medicinales)”. INCAFO, S. A. 1991.
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